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¿QUÉ ES LA FITOTERAPIA?
No hay ningún secreto,
porque la fitoterapia no es más
que el tratamiento o terapia de las enfermedades
por medio de las plantas medicinales.
Se ha dado el nombre actual
de fitoterapia a una ciencia, o conocimiento médico, que se remonta a miles
de años en la historia de la humanidad.
Como veremos, los seres
humanos, en sus inicios sobre la Tierra, muy pronto aprendieron que en la
mayoría de las plantas y hierbas que le rodeaban, aparte de las pocas que
podían resultar dañinas o venenosas, en su estructura a base de hojas,
tallos y raíces, podían encontrar numerosos principios medicamentosos.
Hay evidencias, por los
descubrimientos realizados junto a restos de los primeros homínidos, que
hace unos 60.000 años ya se utilizaban hierbas como el malvavisco. En Perú
se han encontrado utensilios con restos de coca que datan de hace unos
50.000 años. Y de hierbas medicinales tratan los primeros textos esculpidos
que se conocen: jeroglíficos egipcios de hace unos 6.000 años se refieren al
uso medicinal de las plantas. El papiro de Ebers, de 20 m de longitud,
descubierto en 1873 por el egiptólogo alemán Georg Ebens, se reveló como el
primer documento escrito sobre fitoterapia (el tratamiento de las
enfermedades a través de las plantas). Se escribió 2.400 años a. de C., y
sus primeras palabras son las siguientes: «Aquí comienza el libro que trata
de la elaboración de remedios para curar todas las parles del cuerpo
humano». Más adelante se explica que se administraban ajos a los
trabajadores ocupados en la construcción de las pirámides, a fin de
mantenerlos con buena salud.
En el siglo III a. de C., en
Edfu, en el bajo Nilo (junto a lo que hoy es Assuan), en el templo de Horus
se creó una escuela de medicina en cuyo jardín se cultivaban plantas
medicinales. Los egipcios conocían por entonces las propiedades analgésicas
de la adormidera.
Los conocimientos egipcios
se extendieron rápidamente por Mesopotamia y alcanzaron Grecia. Se ha
calculado que en Babilonia se empleaban más de 200 plantas medicinales,
entre ellas la belladona.
Los griegos supieron
aprovechar la herencia egipcia y dieron un cierto sentido científico al uso
de las plantas medicinales: a cada enfermedad le aplicaban un remedio, y
siempre el mismo. Hipócrates, que vivió en el siglo V a. de C., siguió
aplicando el mismo método, marcando pautas y dosis de administración. Hoy es
considerado el padre de la Medicina.
En el otro extremo del
continente eurasiático, las culturas orientales se desarrollan
paralelamente. El emperador chino Shen Nung describe mil plantas medicinales
3000 años a. de C. Se sabe que en la India, un milenio más tarde,
enfermedades como el asma o el resfriado común eran tratadas con cáñamo.
Hay que esperar hasta el
siglo I de nuestra era para que nazca Dioscórides. Si Hipócrates ha sido
considerado el padre de la Medicina, Dioscórides es, sin lugar a dudas, el
padre de la Fitoterapia. Su obra Materia Médica recoge todo el saber de su
tiempo sobre las plantas medicinales: consta de 6 libros en los que describe
600 especies (más de 500 de plantas).
En Roma, Galeno (nacido en
Grecia) da un paso adelante en el conocimiento de las hierbas al marcar
pautas para la extracción y formas de administración de los principios
activos: utiliza para ello agua, alcohol o vinagre y describe las formas de
administración, como los emplastos. En su honor, se ha denominado «galénica»
la rama de la Farmacia que trata de la preparación de medicamentos.
Tras la caída del Imperio
Romano, durante la Edad Media se detienen los estudios sobre fitoterapia, si
bien siguen utilizándose los remedios de acuerdo con las pautas marcadas por
griegos y romanos. Los monjes evitan que se pierdan los conocimientos sobre
plantas medicinales y las cultivan en los claustros de los conventos. Un
factor que influye negativamente en el desarrollo de la fitoterapia es el
miedo de las gentes de ser consideradas herejes. Cabe destacar en este
entorno religioso a la abadesa benedictina Santa Hildegarda, que vivió en el
monasterio de Rupertsberg, en Alemania, y nos legó sus conocimientos sobre
plantas medicinales a través de varias obras que se agrupan bajo el nombre
de Physica.
En el Renacimiento, el
médico suizo Paracelso (siglos XV-XVI) establece los principios de analogía:
aquellas partes de la planta que se pueden relacionar (de alguna manera) con
otras del organismo, sirven para curar estas últimas. Así, por ejemplo, la
nuez del nogal, cuyo fruto recuerda la forma del cerebro, sirve para
fortalecer el cerebro.
Las expediciones al Nuevo
Mundo dieron a conocer muchísimas plantas desconocidas en el Viejo
Continente. Aparecieron los primeros herbarios americanos, como el
Manuscrito Badiano, escrito por el médico azteca Martín de la Cruz: describe
plantas que revolucionaron la fitoterapia europea, como la zarzaparrilla, el
tabaco, la coca o la quina.
Tal proliferación de nuevas
plantas requería un estudio comparativo que permitiera clasificarlas y
reclasificar las conocidas hasta entonces. Fue el naturalista sueco Cari Von
Linné quien, en el siglo XVIII, se entregó a tan ardua tarea, cuyos
resultados fueron tan aceptados por la comunidad científica, que la
clasificación que hizo de los seres vivos aún sigue vigente en nuestros
días.
En el siglo XIX, los avances que experimentan las Ciencias gracias a
investigadores como Darwin (teoría de la evolución) y Mendel (leyes de la
herencia) permiten estudiar las plantas desde una óptica más profunda y
menos sensacionalista. Se extraen los principios activos de las plantas, se
aíslan, se identifican y se establece la relación causa-efecto, es decir, se
investiga qué efecto ocasiona una determinada sustancia extraída de una
planta sobre un animal. A partir de entonces ya no se habla de las
propiedades de tal o cual planta sino de las de tal o cual compuesto. La
industria química y farmacéutica sintetiza en el laboratorio muchas de las
sustancias extraídas de los vegetales y elabora medicamentos que sustituyen
a los tradicionales tratamientos con hierbas.
Sin embargo, en las últimas
décadas del siglo XX, parte de la población se rebela ante la industria que
llena el mercado de productos artificiales, muchos de ellos contaminantes
para el medio ambiente o nocivos para la salud, y tiende a vivir de la forma
más natural posible, en la que no pueden faltar las hierbas en el
tratamiento de las enfermedades. |