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DESECACIÓN
DE LAS PLANTAS MEDICINALES
Una vez llegados a casa
hemos de actuar rápidamente para conservar la máxima cantidad de sustancias
activas en las plantas. Excepto las plantas que contienen esencias volátiles
(lo cual ya se indica en cada caso en los espacios que siguen), deben
dejarse secar previamente al sol durante unas horas. Luego, la desecación se
llevará a cabo en un lugar ventilado y seco, con las plantas esparcidas,
preferiblemente colgadas, para que pueda circular el aire a su través en
todas direcciones. En ningún caso habrá dos plantas distintas en contacto.
Las raíces y rizomas deberán lavarse con agua para retirar la tierra y
después dejarse secar al sol para que desaparezca la humedad de su
superficie. Entonces se cortan a trocitos de unos dos centímetros de
espesor, pues una vez secas sería muy difícil trocearlas. Ante la dificultad
de colgarlas, pueden dejarse secar sobre cartones, cambiando la posición
cada día; incluso pueden exponerse al sol durante el día (por la noche deben
resguardarse para evitar la humedad y el rocío de la mañana). Los órganos
carnosos pueden desecarse en una estufa si no se superan los 40 grados de
temperatura.
Con la desecación se elimina
el agua, que comprende aproximadamente el 80 % del peso de la planta fresca.
La desecación se dará por terminada cuando las hojas dejen de estar húmedas
al tacto y adquieran una consistencia rígida y se rompan al intentar
doblarlas. La duración del proceso variará según el tipo de planta de que se
trate. Por lo general bastará con una semana, aunque pueden necesitarse 15
días. Para saber sí una planta está bien desecada, se coloca dentro de una
bolsa de plástico transparente, se cierra con dos nudos y se espera un par
de días por lo menos. Si aún contiene agua, ésta se condensará sobre el
plástico en forma de pequeñas gotitas perceptibles a simple vista. No hay
inconveniente en prolongar el período de desecación, sólo que cuanto más
expuestas estén las plantas al aire, más polvo acumularán. |
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